
El fenómeno Twilight, creación de la escritora estadounidense Stephenie Meyer, empezó con la publicación de los 4 libros de la saga entre 2005 y 2008, y alcanzó niveles insospechados a partir de noviembre de 2008, con el estreno de la película sobre el primer libro de la serie. El éxito mundial de taquilla aceleró la filmación de su secuela New Moon (cuyo lanzamiento está previsto para noviembre de 2009), a la que seguirán en rápida sucesión las versiones cinematográficas de los dos últimos libros: Eclipse y Breaking Dawn.
Etiquetado para el público juvenil, Twilight cuenta la historia de amor entre una humana adolescente (Bella Swan) y un vampiro centenario (Edward Cullen) eternizado con la apariencia de un chico de 17 años, edad que contaba cuando fue transformado. Si bien el tema fantasioso parece cuadrar mejor con el gusto adolescente, la historia cuenta con elementos que han atraído al público de todas las edades desde tiempos remotos: un amor imposible y apasionado, que logra vencer obstáculos (en este caso, tanto humanos como sobrenaturales), atrapando al lector en un relato fascinante, aunque no suficientemente "oscuro" para los puristas del género vampiresco.
Los personajes principales están retratados en forma muy convincente:
Con escasos 17 años, Bella es madura, responsable, está dispuesta a cualquier sacrificio por el bien ajeno y piensa en los demás antes que en sí misma con un sentido protector tan desarrollado que la convierte en escudo de la familia. Es un ser aparentemente débil (en comparación con los extraordinarios poderes vampíricos), cuya verdadera fortaleza radica en una valentía, desprendimiento y resolución a toda prueba. Ve en Edward el centro de su universo, y cuando los hechos imponen su separación del vampiro que la ama pero con quien corre el riesgo de morir, súbitamente se enfrenta a una vida vacía y carente de sentido, hasta que su amigo Jacob, descendiente de una ancestral tribu quileute, emerge con la energía de un nuevo sol para arrancarla del oscuro foso en que ha sumido su penosa existencia. Se crea entre ambos un fuerte nexo que, a la vuelta de Edward, completa el triángulo amoroso.
Edward es el personaje creado para adoración de todas las mujeres, jóvenes o maduras. Fue convertido en vampiro contra su voluntad y, aunque eso lo salvó de morir, detesta la transformación que lo ha privado para siempre de su condición humana, del calor corporal y del latido de su corazón. Vive un conflicto interior entre su naturaleza sensible (el talento musical es una de sus expresiones) y la insaciable sed de sangre humana, a la que debe renunciar para posibilitar cierta convivencia con seres humanos. Su amargo siglo de existencia (que él describe como una noche eterna) da un giro inesperado cuando reconoce en Bella a su amor predestinado, y se desatan en él fuerzas contrapuestas que sacuden la vida solitaria y predecible que había construido. Repentinamente, es un adolescente que descubre el poder incendiario de los celos y la atracción irrefrenable de una pasión desconocida. Pero, por encima de esas nuevas sensaciones que lo aturden, debe proteger a su amada de los riesgos que conlleva su cercanía a la especie vampírica, aunque ello signifique apartarla de él.
Los peligros concernientes están muy bien expuestos en la saga, para deleite del lector masculino y para que las lectoras alberguemos cierta duda razonable respecto a que la historia pueda alcanzar, finalmente, un desenlace romántico. Incluso para ese esperado final van surgiendo diversas opciones: ¿Bella se volverá vampiro para asegurar su inmortalidad junto a Edward a pesar de la resistencia de éste a despojarla de su humanidad?, ¿Podrá Edward adaptar su existencia a los límites humanos de su amada? ó ¿Triunfará Jacob en su lucha por convencer a Bella que puede tener su amor sin sacrificar su naturaleza humana, su familia y el mundo en que ha crecido?
Esta última opción cobra fuerza a medida que se desarrolla el personaje de Jacob, quien inicialmente es un sonriente jovencito de 16 años, deslumbrado por la bella chica recién llegada a la nublada y húmeda localidad de Forks, en el estado de Washington, y a través de la historia se va transformando en un hombre (de hecho, un hombre-lobo) fuerte y decidido. Su paso a la condición de licántropo genera cambios importantes en su relación con Bella, quien ve surgir en él una nueva naturaleza, sombría e inestable, pero también un amor profundamente leal y un desesperado sentido de protección hacia ella. No debe ser fácil elegir entre un vampiro y un hombre-lobo pero, dejando a un lado este marco de ficción, no debe ser nada fácil elegir entre dos propuestas de amor tan auténticas y, menos aún, entre dos seres tan convencidos de que su destino está atado, inexorablemente, a la mujer por cuyo amor pelean. A pesar de su rivalidad, los principios de Edward y el retorcido humor de Jacob van tejiendo entre ellos un vínculo sorprendente. Bella decidirá a cual de los dos quiere unir su destino, pero una parte esencial de su ser estará ligada al futuro del otro.
Hay un cuarto personaje clave en la historia: Carlisle es el jefe de los Cullen, un clan de vampiros que se abstienen de beber sangre humana, gracias a lo cual logran interactuar con los que, en otro caso, serían su alimento. Bajo la influencia de Carlisle, la familia Cullen se mantiene unida frente a las amenazas de su propia especie y de otros enemigos naturales, logra un pacto de convivencia y cooperación casi impensable con los hombres-lobo y, por si todo esto fuera poco, consigue un triunfo de la razón sobre la fuerza que (nuevamente) decepcionará a algunos seguidores del mundo de los no-muertos, pero para millones de lectores es consecuente con la evolución de la historia, desde la primera hasta la última página. En síntesis, un ser puede conservar intactos sus valores, aunque deje de ser humano.
Supongo que esta reseña no le aguará la fiesta a aquéllos que aun no han leído Twilight (lo que normalmente se advierte a priori como un spoiler). Por el contrario, espero que otros adultos rehusen, como yo, las etiquetas que pretenden reservar este tipo de historias al público adolescente, y se sumerjan sin prejuicios en una versión cautivante y distinta del irresistible género romántico.


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